Malditas las mañanas que no tenga tus huesos,
benditas sean las noches que arropan nuestros besos,
Maldigo aquella sombra,
bendigo lo que soy cuando tu voz me nombra,
Malditas las mañanas que se alcen y no estés,
benditas sean las noches que caen a nuestros pies.
Carlos Arellano

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